Siempre me declare un fan de la tecnología, creo que los avances que hemos logrado como sociedad en este ámbito nos han permitido lograr cosas increíbles, como descubrir que podemos ver más allá de nosotros mismos viajando a la luna o a otros planetas. Y al mismo tiempo ver mas adentro de nosotros mismos conociendo hasta la parte más ínfima de nuestros cuerpo, nuestras células. Pero todo avance requiere un cambio, invita a una transformación y como somos seres sociales no estamos ajenos a que nuestras prácticas cotidianas se vean modificadas por estos nuevos elementos que son introducidos en nuestra cotidianidad.

La llegada de los teléfonos, que luego se transformaron en celulares y después se tornaron inteligentes, trajo con sigo el concepto de la multi-tarea la capacidad de hacer dos o más cosas a la vez -cabe aclarar que en realidad el objeto es el que puede hacer múltiples procesamientos a la vez y cumplir las tareas satisfactoriamente, porque a nuestro cerebro le cuesta enfocarse en diversas tareas al mismo tiempo-, y esto vino de la mano de la inmediatez, la posibilidad de hacerlo.

Esta nueva forma de compartir las cosas de manera rápida y con el beneficio de poder hacerlo mientras hacemos otras cosas, ha amedrentado la forma en la que nos comunicamos con otros de una manera acelerada, a tal punto que ya no interpretamos o procesamos el contenido del material que recibimos, sino que lo compartimos o reenviamos directamente, sin tener en cuenta si nuestro interlocutor nos comprenderá o será capaz de descifrar de la misma manera que nosotros el mensaje. Y claro, lo mas probable es que no lo haga, pues recibe el material que indiscriminadamente compartimos sin contexto, sin una previa explicación o ubicación y los esfuerzos que requiere para entender lo que quisimos enviar son tales que inclusive puedan requerir volver a preguntar de que se trata o directamente hacer caso omiso al mensaje, frustrando así el intento de comunicación.

Es muy pequeño el esfuerzo que requiere re elaborar un mensaje o enviarlo con el apropiado contexto para que se entienda, no seamos egoístas (o haraganes), es momento de volver a pensar en el otro, ya que el otro es el único motivo por el que nos comunicamos y si dejamos de pensar en él, continuamente estaremos empobreciendo nuestra habla y a nosotros mismos.

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